IDEARIO 

En sintonía con el Espíritu legado por san Juan Bautista de La Salle que ha sostenido a la congregación de los Hermanos de
las Escuelas Cristianas durante más de tres siglos, el modelo educativo lasallista es la expresión de una espiritualidad en
la que la fe acompaña todo el proceso educativo (espíritu de fe) y por la que todos los procesos se hacen con dedicación y
entrega, buscando optimizar servicio en cada acción (espíritu de celo) porque se asume que la labor educativa es parte de
la acción salvadora de Jesús (ministerio educativo). Estas dimensiones de la espiritualidad se expresan en los siguientes
rasgos que definen la educación lasallista.

1. EDUCACIÓN CRISTIANA: CONFESIONAL CATÓLICA

La educación lasallista tiene como pilar y referente fundamental su carácter confesional. Es una educación cristiana por
excelencia. La Salle logra hacer de esta condición un modelo pedagógico que ha generado y acompañado el movimiento
lasallista hasta la actualidad. Por lo tanto, no sólo es una escuela donde se enseña el cristianismo, sino donde se aprende
a ser cristiano y, desde esa cualidad, se forman personas que se integran a su sociedad para mejorarla. La educación
cristiana lasallista rompe con el formalismo de una “educación religiosa” ya que logra integrar en su modelo educativo la
fe con la vida. San Juan Bautista de La Salle lo resumía al recomendar: “No hagan diferencia entre los deberes propios de
su estado (dimensión humana) y los de su propia salvación y perfección (dimensión religiosa)”.

En este sentido la escuela lasallista se comprende como lugar de encuentro con Dios. Esto implica una doble dinámica de fe
que supone que los educadores descubran el rostro de Jesús en sus educandos y, en el otro sentido, que los educandos
encuentren a Dios en sus maestros y en las acciones educativas que la escuela promueve.

2. EDUCACIÓN IMPARTIDA CON “CELO ARDIENTE”

Hacer que la escuela “marche bien”, es el modo de responder a la voluntad de Dios que quiere que todos sus hijos lleguen al
conocimiento de la verdad y se salven. Por ello, la dinámica de fe descrita en el punto anterior hace que la propuesta
educativa de La Salle responda a las necesidades inmediatas de los estudiantes con una convicción que únicamente la fe
puede dar. Por ello los educadores lasallistas se esfuerzan no solo por garantizar el desarrollo espiritual de sus
educandos, sino también y, con el mismo celo, por dotar a sus estudiantes de las capacidades necesarias para mejorar su
condición social, económica y cultural.
El compromiso con la calidad educativa ha acompañado por siglos la escuela lasallista como expresión de su espíritu
fundacional que La Salle llamó, “celo” y que sus seguidores, Hermanos y seglares vivieron con el mismo fervor que su
Fundador “haciendo lo ordinario de manera extraordinaria”. La educación lasallista está comprometida con la calidad y
excelencia que dista de toda comprensión liberal o efectivista de la educación, dado que la calidad de la escuela
lasallista está marcada por el signo de la fe. “El celo ardiente de salvar las almas de los que tienen que instruir debe
moverlos a consumir toda su vida para darles educación cristiana y procurarles la vida de la gracia en este mundo y la vida
eterna en el otro”.

3. EDUCACIÓN CON SENTIDO SOCIAL: opción preferencial por los pobres

Las condiciones sociales en las que surge la escuela lasallista marcan un aspecto determinante en la concepción de
educación que han ofrecido los Hermanos desde su fundación. La escuela es un lugar donde se encuentran ricos y pobres y
donde todos son tratados con las mismas prerrogativas. En la actualidad, la educación lasallista promueve desde sus aulas
la conciencia social en sus estudiantes y desde ellas son preparados para ejercer en la sociedad un rol que contribuya a la
superación de las diferencias sociales. La escuela lasallista se comprende a sí misma como lugar donde se superan las
estructuras de exclusión social, se busca el acercamiento respetuoso entre ricos y pobres, y se promueven procesos de
interaprendizaje entre ellos. En este sentido ha de entenderse la opción preferencial por los pobres en las obras
lasallistas que no trabajan directamente en contextos de pobreza.

4. EDUCACIÓN PARA TODA LA VIDA

La educación lasallista deja huella intencional en sus educandos, imprime su impronta. Para ello propone experiencias
significativas que apuntan a “tocar, mover y mudar los corazones” de sus educandos, por lo tanto es una educación que
garantiza cambios duraderos en la conducta y en el desarrollo de capacidades. Para La Salle, este compromiso con la mejora
de los educandos y su cambio profundo no se puede lograr sin dirigir la educación al corazón. Esto revela algo que la
pedagogía contemporánea empieza a valorar: la educación que busca la integración entre la razón y los afectos, entre el
cuerpo y la interioridad. Por ello la educación lasallista garantiza en su propuesta experiencias para el desarrollo
estético y para el ejercicio físico y corporal. La educación lasallista considera que lo que realmente se aprende de por
vida es lo que se llegó a querer.

5. EDUCACIÓN QUE RESPONDE A LOS INDIVIDUOS Y SUS CONTEXTOS

La educación lasallista es personalizada y contextualizada, es decir se reinventa a partir de la diversidad de realidades
donde se inserta y responde a las diferentes características personales de los estudiantes. Esta atención a la diversidad
es el modo de hacer efectiva la mirada de fe sobre cada educando y sus potencialidades. Esto llevó a los primeros Hermanos
a tener registros pormenorizados de cada uno de sus estudiantes y a idear métodos educativos que respondan a los diferentes
ritmos de aprendizaje. No se trata de una educación individualista pues esta mirada diferenciada se articula con el sentido
social que se trata de formar.

La otra cara de la diversidad está en las demandas sociales. La educación lasallista es una respuesta a una lectura socio
crítica de la realidad. En algunos contextos el énfasis puede ser productivo, si los estudiantes requieren dominar un
oficio; en otros el énfasis será humanístico o científico; siempre en relación con la realidad. Con ello la educación
lasallista rompe el modelo clásico de una escuela única y se ocupa de atender demandas reales como el uso y dominio del
propio idioma o las escuelas de oficios, de modo que los estudiantes puedan integrarse en el mundo laboral y desenvolverse
con solvencia en la sociedad. Esta apertura a la realidad dinamiza la propuesta educativa que siempre tendrá que leer los
signos de los tiempos y preguntarse cuánto responde a estas demandas actuales.